CALAIS, una ciudad entre vida y espera

 

Calais, norte de Francia. Símbolo territorial de la espera. La de los refugiados para poder cruzar y llegar hasta “UK”, es decir, Inglaterra. Un espera con fecha de comienzo pero sin final. Esta espera es la que llevó la New Jungle  a nacer en las cercanías del puerto de ferries y de la autopista, alrededor de abril del año pasado, después de varios desmantelamientos de campos y ocupaciones en la zona.

En este lugar de paso, se empieza a habitar, y a vivir, a pesar de todo. Habitar no es solo dormir, es un multitud de usos, tanto públicos como íntimos, creados desde la nada en esta porción de territorio hostil.Comer, comprar, recibir, rezar, construir, compartir..Un modo de hacer ciudad poco común en Francia, que hoy merece el titulo del asentamiento mas grande de Europa.

La Jungle es un lugar de contradicciones, que divide hoy tanto la sociedad, como el mundo político. En el medio de condiciones sanitarias y sociales precarias logran nacer pequeños milagros como la solidaridad sin fronteras de países y regiones limítrofes. Cada día, una multitud de voluntarios ocupan la Jungle, ayudando a construir, dando clases, haciendo teatro o aportando su asesoramiento legal. Una red solidaria que crece cada vez mas y que se tuvo que organizar ahora también fuera del barrio para ser eficiente. Así nace la Warehouse,una serie de enormes galpones a cargo de las asociaciones Help Refugees y l’Auberge des migrants. Una hormiguera que llego a producir 44 cabañas por día para equipar la Jungle y sacar los refugiados de las carpas. Una solidaridad que se expresa también en las calles, marchando de la Jungle hacia la ciudad para denunciar la situación. Calais, una ciudad en crisis donde la brecha entre locales y migrantes parece cada vez mas profunda. Un rechazo local a su presencia que hace eco al rechazo ingles, visible en el territorio por el impresionante despliegue de rejas y sistema de proteccion para impedir el cruce de la frontera en puntos claves como la terminal del Eurostar o el puerto.

Una protección de la frontera que va de la mano con la destrucción progresiva del campo informal para reducir el numero de migrantes en la zona a 1500, alojados en un campo cerrado de conteners, cada uno pudiendo alojar a 12 personas. Un campo sin mas servicios que dormir, donde resulta imposible otros pequeños usos de la vida cotidiana que habían vuelta a aparecer en la  Jungle. Un proyecto fuertemente criticado por la sociedad civil y organizaciones reconocidas como Médicos sin fronteras, ya que no respecta las recomendaciones internacionales en cuanto a campos de refugiados.
Desde principio de marzo, empezó entonces la destrucción parcial del campo, afectando alrededor de 3000 migrantes, a los cuales se les propone ir a otros centros transitorios en varias partes del territorio francés. Irse es renunciar a cruzar, a un sueño o a un familiar que espera del otro lado, lo que muchos no quieren hacer. Varios eligen entonces mover, como puedan sus casas de fortuna de la parte sur, amenazada hacia la parte norte, para escapar de la destrucción. Y poder seguir esperando, soñando y capaz, un día, cruzar.